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El papel de la industria 4.0 en la transición energética: la eficiencia energética como elemento clave de competitividad

“Javier García Breva considera que la eficiencia energética es un factor de competitividad porque reúne las características que han de asociarse a una estrategia industrial basada en productos competitivos, por sus menores costes energéticos, y con una demanda creciente en el mercado. La innovación es el valor añadido que incorpora la eficiencia energética.”

La innovación energética y la industria 4.0

La eficiencia energética tiene como fin realizar la transición desde un modelo, basado en el mayor consumo y dependencia de los recursos, a otra cuya prioridad sea reducir la energía necesaria para producir bienes y servicios.

Las Directivas europeas 2010/31/UE de eficiencia energética de edificios y 2012/27/UE de  eficiencia energética requieren un entorno innovador. Este entorno se caracteriza por una mayor apertura de los mercados a la competencia, un modelo de negocio energético basado en la demanda a través de las TIC y la facilidad de acceso del consumidor a los servicios energéticos.

La innovación energética protagonizará el cambio tecnológico a través de las nuevas formas de generación y gestión de la demanda. La aparición de nuevas fuentes de energía ha determinado históricamente el desarrollo de la industria. Por ello, la innovación es la capacidad de adaptarse a esos cambios, incorporando las nuevas tecnologías energéticas a una economía abierta y diversificada.

La asociación de las nuevas tecnologías de generación y eficiencia energética con las tecnologías inteligentes conduce a un modelo de industria 4.0 con nuevas especializaciones productivas en los sectores de la energía y las TIC. La industria 4.0 exige nuevos modelos de negocio energético orientados a la demanda, que proporcionen servicios al consumidor a través de tecnologías inteligentes en tiempo real que permitan su participación activa.

Por otra parte, la Estrategia 2020 de la Unión Europea para una energía segura, sostenible y competitiva, aprobada en marzo de 2010, apostó por un modelo energético que priorizara el ahorro y la  eficiencia energética. Se señalaban, entre otros, dos proyectos:

  • El almacenamiento eléctrico a gran escala, en los vehículos y en todos los niveles de tensión, para una mayor integración de las fuentes renovables de manera descentralizada.
  • Proveer a las ciudades de soluciones para ahorrar energía masivamente aprovechando lo mejor de las renovables, la eficiencia energética, las redes inteligentes, las TIC y nuevos modelos de negocio energético.

Estos proyectos van a ser decisivos en el liderazgo industrial pero para su ejecución precisarán de una regulación, tanto europea como nacional, que siga la lógica racional de la eficiencia energética para adaptarse al ritmo de la demanda y no al de la oferta.

Las nuevas especializaciones productivas

Según la Agencia Internacional de la Energía, el sector de la edificación aún no ha explotado el 80% de su potencial de eficiencia energética y más del 50% del sector industrial considera que existe un margen considerable de reducción de su factura energética.

Los sectores de las renovables y de la eficiencia energética son importantes  para el crecimiento económico, el empleo de calidad y un nivel tecnológico elevado porque afecta a otros sectores como el metalúrgico, equipos electrónicos, tecnologías de la información, materiales de construcción, el transporte y los servicios financieros. Por eso han de integrarse en la política industrial como un referente para el liderazgo de Europa en las tecnologías sostenibles.

La sostenibilidad: nuevo factor de competitividad

La Agencia Internacional de la Energía afirma que, si no se toman medidas de política energética, en 2017 se estará emitiendo el CO2 que se preveía emitir en 2035.

Las políticas de adaptación y mitigación del cambio climático han de ser incorporadas a la estrategia industrial y energética con la finalidad de que la producción eficiente contribuya a reducir los consumos de energía y a la autosuficiencia energética. La industria deberá anticiparse para cubrir el conjunto de competencias necesarias para los empleos de nueva creación en las tecnologías sostenibles emergentes adaptando sus sistemas de formación.

En definitiva, la competitividad de la industria vendrá cada vez más determinada por las ventajas de una economía baja en carbono frente a una economía que tenga que afrontar déficits energéticos cada vez más elevados por los costes negativos del cambio climático.

FUENTE: Caloryfrio

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